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Opinión/ Creado el: 2019-09-14 03:22

La protesta social: el paro

Escrito por: Amadeo González Triviño
 | septiembre 14 de 2019

 

El gremio transportador del Caquetá está ad portas de la realización de un gran paro, conforme se indica por los medios de comunicación y debe poner a pensar a las empresas transportadoras, a los habitantes del sur de Colombia y a los gremios económicos de toda nuestra región. No así al gobierno nacional, que por su desidia y abandono, ha dado lugar a la situación de ausencia total de mantenimiento y de solución al problema de una de las más importantes vías nacionales que comunica este departamento con el resto del país.

Es que es desalentador encontrarnos con paños de agua tibia, como ha sucedido hasta la presente en el tratamiento de los departamentos del Huila,  Caquetá, Putumayo, Cauca e incluso de Nariño, frente a las políticas de nuestros gobernantes, y todo esto se constituye en la piedra angular de una situación calamitosa en los aspectos sociales y económicos que han de redundar en la perpetuidad del abandono que se vive en las regiones apartadas de la Capital de la República y que solo han servido de bastión electoral en los momentos en los que se ha tratado de recorrer sus tierras para campañas políticas.

No hay perspectivas de un cambio en este sentido para nuestras comunidades. Y las vías de hecho representado en la parálisis de los medios de transporte y de los comerciantes y de los gremios estudiantiles y laborales, tiene que ser la respuesta más acorde con una promesa o una gestión que comprometa recursos para que a largo plazo, se desembotelle esta región, como ha sucedido y viene sucediendo en gran medida con las vías a la costa norte y a los llanos orientales o con las vías de cuarta generación, que por estas regiones no se ven.

Hace poco, el Centro del Departamento del Huila, vivió un drama similar, se improvisaron vías y se dio lugar a una situación que a pesar del papel protagónico de un sector político, la solución definitiva no se tiene aún y el peligro sigue latente, y las preocupaciones siguen vigentes y el desarrollo comercial y económico aún no se repone y seguimos en ascuas viviendo momentos de infortunio y todo gracias a la paciencia y a la resignación que se nos ha querido imponer desde nuestros gobernantes, hasta por los gremios económicos, cuando se buscan sus soluciones.

El Caquetá es la gran despensa ganadera del sur de Colombia y del Occidente, pero las trochas por las que deben movilizarse hacia el Cauca, Valle o Nariño, son un gran detonante de esta situación.

Colombia es un país singular. La democracia representativa que vivimos desde los diferentes órganos en los que está organizada la estructura del Estado de Derecho, nos ha permitido comprender que nuestros dirigentes y nuestros gobernantes están de espaldas al país. Que no son verdaderos líderes que defiendan y hagan posible la consolidación de procesos de reconocimiento y valoración de sus regiones y que se preocupen por el desarrollo concertado de toda la nación en su contexto económico y social o que tengan una misión para buscar un equilibrio en las condiciones de vida de los pobladores de una u otra región.

Nuestros dirigentes políticos, nacionales, regionales y locales, han terminado por ser los principales enemigos de sus comunidades, solo se han ocupado de sus habitantes de sus regiones en procesos electorales y luego frente a las calamidades a las situaciones de infortunio o de dolor por la inaplicación de las políticas fiscales hacia el desarrollo regional, solo han estado siendo cómplices de la corrupción y del vandalismo económico que ellos patrocinan.

Ha de llegar un momento, así sea una vaga esperanza, de que las comunidades, sin necesidad de recurrir a los alzamientos en armas, logren movilizaciones como la de los chalecos amarillos en Francia o la de los paraguas en Hong Kong, o de otro talante como la primavera silenciosa o los procesos pacifistas antinucleares o similares que han ganado y servido de fundamento para la lucha por las reivindicaciones populares.

Por todo esto, nos unimos a esta voz de protesta y somos consecuentes de que cuando la autoridad no funciona, les corresponde a las comunidades exigir y demandar con la movilización su atención inmediata en la solución efectiva de sus problemas sociales.